Con la muerte del doctor Joan Viñas i Salas, la medicina catalana pierde una de sus figuras más queridas, respetadas y fecundas. Cirujano, catedrático, profesor de bioética, rector de la Universidad de Lleida, presidente de la Real Academia de Medicina de Cataluña y del Instituto Catalán de la Salud, Joan Viñas encarnó, a lo largo de toda su trayectoria, una manera de entender la profesión médica inseparable del servicio, del compromiso institucional, de la responsabilidad ética y de la responsabilidad ética.
Pero, más allá de los cargos y reconocimientos, el doctor Viñas fue sobre todo un maestro. Maestro de cirugía, maestro universitario, maestro de bioética y, sobre todo, maestro en una forma de ser médico. Su presencia transmitía rigor y exigencia, pero también bondad, escucha y confianza. Supo unir la excelencia académica con la sencillez del trato, el liderazgo institucional con la fidelidad a las personas, el compromiso cristiano, la mirada científica con una profunda preocupación por los valores que sostienen a la medicina.
Su trayectoria fue reconocida con distinciones muy significativas, entre ellas la Creu de Sant Jordi, la Medalla Josep Trueta, la Medalla de Honor de la Red Vives de Universidades y la Insignia de Oro de la Profesión Médica del Consejo de Colegios de Médicos de Cataluña, el máximo reconocimiento que esta institución puede otorgar. Este último galardón expresaba con especial justicia lo que definió su vida profesional: una dedicación sostenida a los valores de la profesión y al servicio de los pacientes.
Su último discurso público en la Real Academia de Medicina de Cataluña la semana pasada toma hoy un valor especial. Defendía la necesidad de preservar el núcleo moral de la medicina ante la tecnificación, la burocracia y la deshumanización. Pero lo hacía desde una esperanza activa: la convicción de que hay que formar médicos científicamente excelentes y profundamente humanos, capaces de cuidar, escuchar y sostener la confianza.
Joan Viñas ha sido una figura decisiva para Lleida y Cataluña, para la universidad, para la medicina catalana y para la bioética. Contribuyó a impulsar estudios, instituciones, comités, espacios de deliberación y generaciones de profesionales. Entendió a la universidad como un puesto de servicio público y de formación integral, y la medicina como una profesión que sólo puede ser excelente si es también moralmente responsable.
Su maestría no se limita a lo que enseñó, sino que permanece en la forma en que vivió: con coherencia, con fidelidad a los valores cristianos, con compromiso con las instituciones, con austeridad y con una profunda humanidad.
Hoy le recordamos con gratitud y tristeza, y con la responsabilidad de mantener vivo lo que defendió hasta el final: una medicina profundamente humana, al servicio de las personas, capaz de unir ciencia y conciencia, competencia y compasión, conocimiento y prudencia. Su legado nos interpela y nos acompaña, recordándonos que ser un buen médico no es sólo saber medicina, sino ejercerla con valores, y que la mejor forma de honrar su memoria es seguir construyendo una profesión médica digna de la confianza que la sociedad deposita.
Descansa en paz, doctor Joan Viñas i Salas, maestro, médico y amigo.